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Jun
25

Ramón Estruch. Consultor Sénior en el Dpto. de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona

La dieta de nuestros abuelos reduce un 30% el infarto de miocardio

“La clave para mantenernos sanos y evitar el mayor número de enfermedades degenerativas, como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, es mantener la dieta mediterránea tradicional, la de España de los años 60 y 70, es decir, la dieta de nuestros padres y abuelos” añade Ramón Estruch  líder de la Red Temática “Dieta mediterránea y enfermedad cardiovascular” del ISCIII (España) y del estudio Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea) que evalúa los efectos de esta dieta y sus principales componentes en la prevención primaria de enfermedades cardiovasculares en pacientes de alto riesgo cardiovascular.

Se habla mucho de la dieta mediterránea podría decirme ¿cuáles son las virtudes de la misma?
La fama mundial de la dieta mediterránea surgió en los años 60 cuando un investigador americano Ancel Keys pasó un año sabático en Italia, concretamente en Nápoles, y se sorprendió de cómo comían los napolitanos, comparado con sus compatriotas de Minnesota en Estados Unidos. Comprobó que comían, por ejemplo, muy poca carne y mucha verdura, en comparación con los americanos. Tras plantearse qué dieta era mejor, diseñó el estudio de los siete países, con el objetivo de comparar la prevalencia de enfermedades cardiovasculares en siete culturas diferentes. Al analizar los resultados comprobó que Finlandia y los Estados Unidos tenían la prevalencia más alta de cardiovasculares, mientras que Italia y Grecia, y concretamente la isla de Creta, la más baja. Tras analizar distintas posibilidades, estas diferencias se atribuyeron finalmente a la dieta y estilo de vida de los países situados juntos al mar Mediterráneo, y por ello la dieta mediterránea pasó a ser considerada como una de las dietas más saludables del mundo. Nosotros, con el estudio Prevención con Dieta Mediterránea (Predimed) hemos confirmado con el máximo nivel de evidencia científica que la bondades de la dieta mediterránea son verdad.

El pan junto con el aceite constituye uno de los pilares de esta dieta ¿Cuáles cree que son los beneficios nutricionales para incluir el pan en las cinco comidas del día?
Aunque la dieta mediterránea es un patrón de alimentación en el que se incluyen muchos alimentos y cuya bondad se deriva del posible efecto sinérgico entre todos los nutrientes que la componen, si que existen algunos alimentos clave como los cereales (con el pan a la cabeza), el aceite de oliva, la fruta, la verdura, las legumbres, el pescado, los frutos secos y el vino. El pan, junto a los otros alimentos ricos en hidratos de carbono como el arroz, la pasta e incluso el cuscús, está en la base de la pirámide de la dieta mediterránea y debe consumirse en todas las comidas principales. No obstante, cada día disponemos más datos que indican que deberíamos consumir preferentemente cereales integrales, es decir, pan integral.   

¿En qué ha consistido el estudio Predimed que usted ha dirigido y del que han formado parte un grupo de investigadores  españoles?
El estudio ha evaluado los efectos de la dieta mediterránea tradicional en la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular. En este estudio han colaborado quince grupos de investigación de toda España y se han incluido 7.447 participantes a los que se han seguido una media de seis años. El principal logro ha sido demostrar con el mayor grado de evidencia científica que el retorno al patrón de alimentación que seguían nuestros abuelos, la dieta mediterránea tradicional, reduce en un 30% el riesgo de sufrir un infarto de miocardio, un accidente vascular cerebral o una muerte súbita en las personas con alto riesgo vascular. Una protección similar a la que producen los mejores fármacos, las estatinas, pero sin los efectos secundarios que a menudo producen.

Dentro de este proyecto  ¿se estudia el papel que realizan todos los alimentos que forman parte de la dieta mediterránea?
Esta dieta se caracteriza por un consumo habitual de productos frescos y de proximidad. Ello implica el consumo de los alimentos propios del área mediterránea, que incluye un alto consumo de grasas (incluso superior al 40% de la energía total), principalmente en forma de aceite de oliva (mejor si es aceite de oliva virgen extra), un consumo elevado de cereales, incluido el pan, fruta, verdura, legumbres y frutos secos; un consumo moderado-alto de pescado; un consumo moderado-bajo de carne blanca (aves y conejo) y productos lácteos, principalmente en forma de yogurt o queso fresco; un bajo consumo de carne roja y productos derivados de la carne; y un consumo moderado de vino con las comidas. Aunque el estudio ha analizado el efecto de la dieta mediterránea como patrón dietético, también nos ha permitido analizar los efectos de los distintos alimentos y nutrientes sobre la salud.

Según su experiencia como médico y nutricionista cree ¿que  el pan contribuye a la obesidad o al sobrepeso?
En el estudio Predimed analizamos en 2.213 participantes los cambios de peso y otros parámetros de adiposidad como el perímetro de la cintura a los cuatro años y observamos que aquéllos que consumían más pan blanco aumentaron más de peso y se incrementó más el perímetro de la cintura que aquellos que no consumían pan. No obstante, esto no se observó en los participantes que consumían cereales integrales, principalmente pan integral. Es un argumento más para introducir cada vez más los cereales integrales en nuestra dieta.

¿Cuál sería la clave para evitar posibles enfermedades?
La clave para mantenernos sanos y evitar el mayor número de enfermedades degenerativas, como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, es mantener la dieta mediterránea tradicional, la de España de los años 60 y 70, es decir, la dieta de nuestros padres y abuelos. Lamentablemente, estamos perdiendo esta dieta sin darnos cuenta. Todos pensamos que comemos bien, pero la realidad es que cada vez nos alejamos más de la dieta mediterránea tradicional. Resulta curioso que los países escandinavos y los Estados Unidos van mejorando sus hábitos alimentarios y se aproximan a la
nuestra dieta mediterránea, y nosotros vamos en sentido contrario y lo peor,
lo hacemos sin darnos cuenta.